La Chinganera: «Hay un desprecio constante hacia la música folclórica»

Fabiola Gutiérrez o La Chinganera creció en un ambiente que la acercó al folclor y que se transformó en una parte importante de su vida. Hoy, la artista que será una de las instructoras en la escuela La Casa de la Décima, reflexiona sobre las artes folclóricas, los prejuicios que existen en torno a ella, además del lugar de las mujeres y los jóvenes frente a esta.

La chinganera junto a un árbol y con un vestido blanco
La Chinganera.

Este año, Fabiola Gutiérrez o La Chinganera cumplió 13 años de trayectoria. Desde pequeña, la guitarra la ha acompañado mientras participaba en diversos conjuntos o agrupaciones folclóricos de la zona rural del Bio Bio -lo que hoy conocemos como Ñuble-.

Su inclinación por la música la llevó a estudiar la zarzuela, el canto lírico y más tarde Pedagogía en Educación Musical en 1998. Este espíritu docente, hoy lleva a La Chinganera a ser la única mujer instructora en La Casa de la Décima, una escuela que rescata algunas disciplinas artísticas pertenecientes al folclor tradicional en cuatro talleres a realizarse con una modalidad remota durante tres meses.

programa la casa de la décima
Fuente: La Casa de la Décima

LA CHINGANERA: ARTISTA Y MAESTRA

En enero de este año, La Chinganera lanzó el disco «Hija Natural» que incluye ocho canciones que explora la décima, las afinaciones campesinas, el canto a lo poeta, la cueca, entre otros géneros.

Esta escritura poética es lo que ella impartirá en el espacio «Saberes del folclor: Taller de poesía popular» y en conversación con Cultumanía compartió detalles sobre su trabajo en la instancia, sus motivaciones, además de ofrecer una mirada desde el interior del folclor sobre los diversos lugares que hoy ocupan los jóvenes, la mujer y el territorio.

Desde el punto de vista de la artista, ¿cómo es tu proceso creativo?

La creatividad es infinita y una puede estar vinculado a distintos haceres y quehaceres, dependiendo de la situación. En algunos momentos estoy más conectada conmigo misma, con mis sentimientos, con el amor, con los anhelos. En otros momentos más con la sociedad, los cambios, las transformaciones, las escuchas. Este último tiempo he trabajado bastante para movimientos feministas, los últimos diez años yo creo y más, como del 2007. He estado trabajando harto para eso, para empujar el movimiento de las mujeres sobre todo en el arte, que es difícil. Es infinito el camino de la inspiración.

¿Qué te motivó a participar en este espacio?

La Casa de la Décima es una escuela virtual que hemos creado junto a otros maestros de la poesía, la guitarra, y la música chilena, folclórica. Y hay una tergiversación de nuestras artes folclóricas y hay mucha desinformación. (…) En las escuelas no se enseña el folclor con altura, no hay profesores que tengan conocimiento para ello. Entonces esta escuela nace con esa necesidad desde nosotros, que somos personas súper preparadas, entregarle a la gente … para que la gente sepa , para que tenga conocimiento y esa es una súper motivación para mí.

Y en esa línea, ¿por qué crees que se genera esta desinformación?

Las políticas de cultura son creadas por personas que no saben y hay un desprecio constante, desde hace mucho tiempo, hacia la música folclórica. (…) Y sólo Argentina está el festival más  grande que hay en Latinoamérica que es Cosquin, donde tu te encuentras con artistas consagradísimos y gente que está empezando… es un festival de primer nivel. Aquí no tenemos ni siquiera eso, ¿no?

Por ejemplo, el Festival del Huaso de Olmué es un programa de televisión, los que preseleccionan son dos concejales. No hay un espacio digno, entonces nosotros peleamos mucho para tener ese lugar. Eso por un lado. Y por otro lado, la educación. En la educación, está siempre al debe con nuestra identidad patrimonial.

REFLEXIONES SOBRE EL FOLCLOR

Guitarra de La Chinganera
Fuente: La Chinganera

¿Cómo es el espacio de la mujer en el folclor?

Es súper difícil y es súper de lucha. La mujer en el área en el que yo trabajo de la música es constantemente evaluada por los pares, incluso por las mismas mujeres. Porque esto tiene que ver con la sabiduría, no solamente con el talento. En el área nuestra, que es de mucho conocimiento y estudio, estamos siendo medidas constantemente, cuanto sabemos  y es como si nos ponen a prueba. Entonces nosotras tenemos que estar muy preparadas para estar por encima de eso y es lo que hago yo. Estudio y me preparo, como que no me pillan, digamos. No me pillan, porque yo me preparo para esto. Y esa lucha es constante, de siempre. Siempre ha sido así.

La mujer tiene que servir sólo para cantar, tocar la guitarra y entretener, y no para las cosas más profundas del folclor como la improvisación, por ejemplo.

Y por otra parte, ¿cuál es la importancia del territorio para el folclor?

Todos los pueblos tienen un folclor, así como todas las casas -tu casa, mi casa, las familias- tienen una forma de vida ligada a alguna o algunas tradiciones. Entonces esa es la belleza de poder analizarlo, porque Chile es un territorio muy disímil, entonces es muy bonito mirar el folclor que se da en Santiago, como el folclor que se da en Arica en los pueblos aymara.

Si yo quiero aprender los bailes tinkus, tengo que irme al norte, porque ahí está la verdad, lo demás son copias. Son copias y son interpretaciones. Si quiero aprender de la Isla de Pascua, tengo que ir a la isla de Pascua a aprender cosas allá. No nos va a servir estudiar aquí con una persona que dirige un ballet, voy aprender la forma pero no voy a entender, no voy a comprender de qué se trata.

¿Cómo es la vinculación entre el folclor y los jóvenes? ¿Cómo se incentiva?

Es súper directa. El grueso de nuestro público es gente joven. Es la gente joven la que llena los espacios para ir a bailar cueca, la gente joven es la que hoy día está yendo a encuentros de payadores. Yo, personalmente, tengo mucho público joven: niños, adolescentes, mujeres jóvenes, que les interesa la identidad.

Nos metieron en la cabeza que el lenguaje del folclor es estático, que era fome y antiguo, como de un museo, con estos disfraces… esto alejó a la gente. Pero eso es lo que estamos haciendo nosotros levantando un movimiento con un lenguaje totalmente universal y urbano.

Entonces, hay que deconstruir ese pensamiento de que los jóvenes no les interesa. Esa es una cuestión antigua que instaló la dictadura y que hoy día todavía tenemos rastros de eso, pero no es real.

¿Y cuál sería el mensaje que le darías a los jóvenes sobre la desinformación?

Uno se tiene que hacer responsable, no podemos pasarnos la vida diciendo que la educación, el gobierno, el Estado, las políticas culturales… sí, ellos son los primeros responsables, pero cuando tú tienes la consciencia de que es así, también tienes como persona, profesional, como ser humano, parte de un país… conocer tu cultura. Puede que no te guste, y eso está súper bien, pero no puedes no conocerla, porque es como no conocer tu casa, como no saber donde está el living de tu casa, de qué color es el mueble que compraron para la cocina. Nosotros vivimos en este territorio y tenemos que conocer lo nuestro.

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